ÚLTIMO ROUND
La leona, de Gastón Marioni. Dirigida por Gastón Marioni. Con Josefina Cañón Martínez. En Teatro Estudio. Calle 3 N° 386 entre 39 y 40, La Plata. Funciones: Sábados 16, 23, 30 de agosto de 2025, 21:00 horas.
“A la vida hay que darle pelea”, dice La Leona. Una luchadora de boxeo, una sobreviviente de los márgenes, una resiliente de la exclusión. También una madre que reclama saber qué pasó con su hijo. La obra instala el drama en cabeza de una mujer. Ella debió soportar el lado oscuro de la existencia. Y si bien ha luchado en varios frentes, le queda uno: encontrar a su hijo.
El unipersonal de Josefina Cañón Martínez rinde homenaje a Marysa Roa. La obra destaca su labor como instructora de boxeo y promotora de la práctica pugilística infantil. Y también narra la historia de una mujer nacida en un club de boxeo. Es hija de El Tigre y hermana-madre de Eva, Ernesto y Diego. Desde temprana edad supo en qué consistían las tareas de cuidado y que resistir no era una opción. Con este sentido, la actriz encarna a La Leona con absoluto nivel de entrega. Ella mantiene el ritmo de la narración al tiempo que efectúa la práctica del deporte, realzando aún más su nivel interpretativo.
La puesta en escena es austera. Sólo los íconos del deporte se encuentran dispuestos a la observación. Un saco de boxeo que excede su función típica. Representa a tantos interlocutores como la trama proponga. Un armario de vestuario, como lugar de guardado de los elementos necesarios para componer las escenas. Y dos banquillos de ring característicos del cuadrilátero. Por su parte, la iluminación asumirá un protagonismo clave para otorgar intimidad, dramatismo e incluso soledad. La presentación del personaje acontece con su rostro en completa oscuridad, cual presagio funesto que anuncia tragedia. También el aporte sonoro otorgará densidad al relato y anticipará momentos de intensa tensión. El vestuario a cargo de Sofía Camparo aporta verosimilitud al personaje y a su contexto.
Vale destacar el puntilloso trabajo de dirección a cargo de Gastón Marioni puesto que pareciera que, cada decisión, ha tenido su propósito preciso. Contar un relato con ruptura de la secuencia temporal ha permitido trascender los diversos climas que cada escena propicia. A su vez, los momentos de la narración son separados por el sonido de la campana que delimitará el inicio y final de cada round. En clara alusión que la vida de La leona tiene sabor a combate. Hay dos tiempos en danza: el presente de la narración, construido por la detención de Bautista (el hijo de la protagonista, de tan solo 15 años). A lo cual se suma la búsqueda desesperada por parte de esa madre que no encuentra respuestas. Ello se contrasta con el pasado de Marysa. Recuerdos y anécdotas de su historia vital que resignifican el acontecer actual.
Y cuando creía que ya era todo, el destino siempre le guarda un golpe extra a La Leona. Su hijo sigue sin aparecer. La obra insinúa con sutileza un fuerte cuestionamiento a los representantes del poder coercitivo, figurados como una voz silente. No hay respuestas a los reclamos de una madre que busca a su hijo en comisarías o institutos de menores. Cual campana que repica siempre el mismo golpe, así la violencia institucional machaca las mismas preguntas a modo de repetición infinita. La leona deviene en muestrario de la resistencia de madres cuya única esperanza consiste en no claudicar. Los puños guardan su furia por hoy mientras ella espera de pie.

